Las Tablas de Daimiel se fueron encontrando cada vez con menos agua de la que tenía debido los planes de desecación de la posguerra, las sequías y la proliferación de pozos legales e ilegales para el regadío. Todo esto ha logrado que los cauces del Guadiana y el Cigüela, que alimentaban la zona, se secaran, por lo que la turba empezó a secarse hace más de cinco años, encogiéndose y agrietando el terreno, lo que le permitió al oxígeno que se abriera paso entre sus grietas y oxidara la turba como pasó anteriormente en 1988. Esta oxidación produce una reacción química que produce elevadas temperaturas y finalmente la turba acaba autocombustionandose.

El 26 de agosto de este mismo año se produjo un incendio subterráneo y la situación actual sigue siendo muy grave. Este suceso ha llevado a que las autoridades transporten dos grandes tuberías para abastecer al parque de agua pero parece que esta solución no es suficiente. También se aplasta la turba con grandes palas para cerrar las grietas y evitar así que siga oxidándose. Los encargados del parque ya han afirmado que un incendio de esta forma es muy difícil de controlar.

El fuego aun sigue activo y especialmente en los días de frío pueden verse pequeñas columnas de humo salir del suelo.
Sin embargo, y a pesar de la sobre explotación a la que están sometidos los acuíferos, el gobierno decidió el 29 de octubre de 2009 emplear los derechos de extracción de pozos de las fincas de su propiedad con el objetivo de controlar el fuego.
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